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sábado, 20 de abril de 2013

Capítulo 25


Abro los ojos. Al final conseguí dormir, después de la espantosa pesadilla que tuve. A mi lado está Ali. Mirando al techo, seria. Me mira y me dice:
-Por fin te has despertado.
Sonrío y me incorporo.
Está amaneciendo.
En estos momentos quedamos 5 personas en la arena: Cato, el del 4, La pelirroja astuta del 5, Ali, y yo.
Me parece que esto no va a durar más de dos días, como muchísimo. Así que mejor será que nos curemos todo y nos dispongamos a luchar.

Sacamos toda la comida que tenemos. Nos comemos prácticamente todo. Bebemos agua, y rellenamos botellas.
Las heridas de Ali están casi curadas. No nos vendrían nada mal pomadas del Capitolio en el distrito 12.
Salimos al río, nos lavamos un poco, lavamos un poco la ropa, y nos la ponemos, nos ponemos las chaquetas, afilamos las armas con una roca, lo preparamos todo, y salimos al bosque, en busca del final de Los juegos.

Ya es completamente de día. Hace un sol resplandeciente, pero no hace ni frío, ni calor. Ya no queda barro de la lluvia. Es un paisaje precioso, perfecto, a quién voy a engañar. Incluso se me parece a nuestro bosque del distrito 12. Pero no. A diferencia de nuestro bosque, este no es acogedor, este no es alegre. Esto lo ha creado el Capitolio.

Caminamos durante dos largas horas sin ver nada.
Cuando sin darnos cuenta, tenemos delante la Cornucopia.
Ahí al lado hay una tienda de campaña.
-¿Nos acercamos? –Le pregunto a Ali.
-Vale.
Los dos colocamos las armas, y nos acercamos lentamente.
Una vez ahí, abro la puerta con el pie. No hay nadie. Pero sí hay un hacha, así que lo cojo. Todas las armas posibles nos vendrán bien.
Oigo un grito no muy lejos. Claramente es el grito de una chica, y en el estadio solo quedan dos chicas, una de ellas está a mi lado.
Se oye un cañonazo. Una menos. Pobrecilla, parecía inofensiva. No me da tiempo a pensar más. Veo un cuerpo salir de los arbustos en frente. Cato. Pero de la derecha sale el del 4, que le pega un puñetazo en el estómago.
Se ponen a luchar como fieras. Bien. Mejor que se maten entre ellos, así nosotros llegamos frescos a la final, mientras que ellos legarán malheridos.
Ali y yo corremos a escondernos donde los arbustos. Mientras presenciamos la pelea.
Se pegan, se machacan, pero no se rinden.
Pasado un rato Cato deja de luchar y sale corriendo hacia los arbustos.
El otro le sigue. He estado tan centrado en la pelea que
cuando miro a mi derecha Ali no está.
Mierda. Empiezo a susurrar ¡Ali! ¡Ali! Nada.
Me levanto y empiezo a buscarla.
Tengo el tiempo justo como para ver su mata de pelo rojizo a lo lejos, oír un grito, y ver como una lanza la atraviesa el estómago. Cato se dirige a mí, pero con toda mi furia y desesperación, le pego tal hachazo, que, al instante, se oye un cañonazo.
Corro hacia Ali. Lucha por mantener los ojos abiertos.
-Gale, puedes ganar, sé que puedes. Gana. –Me susurra
-Tranquila, ganaré, por ti- Le respondo.
Sonríe, se le empiezan a cerrar los ojos. Le acaricio el pelo, mientras susurro ‘No te vayas, por favor, no te vayas’ entre lágrimas.
Al fin se le cierran los ojos y se escucha un cañonazo. Su cañonazo.
A su lado hay una margarita. Como la margarita que vi en mi pesadilla. La arranco y se la pongo suavemente en el pelo. Está preciosa.
Se la ve bien, con cara tranquila, dormida.
Y en este momento se me pasan miles de imágenes por la cabeza: Álex. Ali. Los juegos. La cosecha. El distrito 12. Mi bosque. Mi madre. Mis hermanos. Katniss.
Lloro. No paro de pensar que el Capitolio, no, el Capitolio no, Snow, tiene la culpa de todo esto. De que todos estos niños hayan muerto, y de que mueran cada año.
De ver cómo nos matamos mientras sonríe frente a la pantalla, satisfecho, porque sólo quiero vernos sufrir.
Para él somos como muñequitos a los que puede manejar a su antojo, ver como morimos, como sufrimos, mientras él se pasa el día en su mansión comiendo canapés y miles de cosas deliciosas.
Juro por dios, que si salgo de aquí, voy a matarle. Tengo que matarle. Por todo lo que le ha hecho a Panem. Por matar a Álex y a Ali. Juro que le mataré.
Y también juro, que voy a ganar. Por Ali. Por Álex.

viernes, 12 de abril de 2013

Capítulo 24


-Tengo hambre.- Dice Ali.
-Salgamos a cazar.
Salimos, no separamos.
Me sorprende lo verde que está todo. Todo lleno de flores, pájaros cantando. Es como el paraíso.

Voy persiguiendo un conejo que se mete en su madriguera.

De repente, se oye un cañonazo y me doy cuenta de la realidad. 
No estoy en el paraíso, estoy en Los juegos.
Salgo corriendo y me encuentro con lo peor.

Ali está tendida en el suelo, con una lanza en el corazón. Muerta.
 Lleva una margarita en el pelo. Está preciosa. 
Una lágrima me rueda por la mejilla.
-Ali- susurro.
Pero no me da tiempo a decir nada más, una lanza se me clava en el estómago. Me flojean las piernas. Caigo al suelo.
Veo un cuerpo alejarse corriendo. Una única imagen se adueña de mi cabeza. Katniss, y todos nuestros momentos en el bosque.
Se me nubla la vista. No puedo respirar bien. Los párpados me pesan. Ha llegado mi hora. 

-Katniss, te quiero- consigo susurrar antes de que mis ojos se cierren y me sumerja en un profundo sueño.

·          *    *    *     *       *      *       *     *    *
Abro los ojos. Jadeando. Sigue siendo de noche. Ali duerme a mi lado.
Todo ha sido un sueño, o una pesadilla, mejor dicho.
No tiene ninguna margarita en el pelo. No está muerta. Y yo tampoco.
Sonrío. Intentaré dormir. Quedamos 5 en la arena, y me da la sensación de que va a ser un día muy largo.





viernes, 5 de abril de 2013

Capítulo 23


De repente, me doy cuenta de la horrible situación en la que estoy: una muerte segura, con Cato arrodillado ante Clove buscando venganza, el del 4 mirándome con la peor mirada con la que nadie nunca había mirado a nadie. Estoy muerto.
Vale, me decido a plantarle cara, me acerco a él y le pego un puñetazo en la cara, pero ni se inmuta.
Coge un cuchillo y se dispone a clavármelo, pero lo esquivo con un movimiento ágil.
Por el rabillo del ojo veo que Cato acaba de levantarse, se seca una lágrima y viene hacia nosotros. Pero pasa de mí. Va directamente al del 4. Somos 2 contra 1.
Me dispongo a pelear, cuando, de repente, oigo un grito a lo lejos ‘¡Gale, Gale!’
Es Álex.
Miro y me le encuentro frente a la de 1, Glimmer. Desde aquí no se ve bien, pero veo a Glimmer alejarse y dejar ahí a Álex. Él cae de rodillas en el suelo.
‘Mierda, no, él no’ pienso.
Corro hacia él dejando atrás a dos monstruos peleando. Los dos podríamos derrotar al del 4. Pero no. Álex me necesita.
Corro hacia él y me encuentro lo peor, Álex tiene una flecha clavada en el estómago.
Sigue consciente, pero se está desangrando, le tumbo y empiezo a hablar con él.
-Álex, no, no te vayas.-
No sé qué decir. Se está desangrando, y no puedo hacer nada por evitarlo.
-Tienes que ganar, por favor- susurra.
-Pero…
-Y cuida de ella- me interrumpe él. –Llévala las medicinas y cúrala, tenéis que ganar, uno de vosotros, por favor-
-Lo haré Álex. Intentaré ganar, por ti. La curaré, te lo prometo. –
Y sin darme cuenta, veo que me rueda una lágrima por la mejilla, no puedo evitarlo, ha sido como un hermano para mí.
-Suerte- oigo que susurra, antes de que sus ojos se cierren y se sumerja en un profundo sueño, un sueño que durará para siempre, para la eternidad.
Suena el cañonazo.
-No Álex, no, por favor, no te vayas, no, NO. –le digo
Pero es inútil. No me oye. Él ya no está, se ha dormido, y no va a despertar. Me levanto. Con fuerzas, porque tenemos que ganar, por él, se lo merece. Le quito la mochila y las armas.
-Adiós, Álex, hasta siempre.- susurro.
Y me voy, no sin antes echar un vistazo a la pelea. Cato está malherido, el del 4 también, y en el suelo hay un cuerpo, el de Glimmer. Muy lista, va, y se mete en la pelea. Lo siento por ella y su estupidez.
Miles de emociones me recorren la cabeza: tristeza, enfado, miedo, rabia, impotencia… y esperanza. La esperanza de que o yo, o Ali podamos ganar.
Y le he prometido a Álex que la salvaría, así que me dirijo a la cueva, a darla sus medicinas.
13 años. 13 años tenía Álex, y está muerto, por culpa de Snow. Sólo pensar en él me da deseos de muerte, quiero matarlo. Quiero matar a esa criatura asquerosa que nos obliga a matar o morir, cada año.
Llego a la cueva y Ali duerme.
La quito las vendas y la echo la pomada en las heridas.
La doy su medicina y agua.
Al pasar un rato abre los ojos.
-Has vuelto.
-He vuelto- respondo.
-¿Y Álex?- me pregunta, con un tono de preocupación en sus preciosos ojos verdes.
-Verás, Ali…- se me quiebra la voz.- Álex…no va a volver, lo siento.
Me rueda una lágrima. Sus ojos se llenan de lágrimas.
-Tenemos que ganar, por él- dice con voz suave y firme, aunque llena de tristeza y melancolía. –Por él. –susurra.




viernes, 8 de marzo de 2013

Capítulo 22


Es más o menos medio día. Álex y yo nos disponemos a salir.
Tenemos las armas, y hemos dejado bien cubierta la entrada de la cueva, podemos salir.
Este es el plan:
Ali se queda, no puede ni mantenerse en pie, pero necesitamos dos personas, ella puede curarse sola, solo será un rato, si morimos, morirá ella también, a no ser que consiga sobrevivir (que sería muy extraño)
Por si acaso, la hemos dejado un botiquín, comida y una botella de agua.
Una vez allí, vigilaremos un poco la zona, pondremos algunas trampas, y Álex se esconderá en unos arbustos de los que rodean la explanada de la cornucopia. Cuando den el aviso de que podemos ir a por las cosas, yo saldré corriendo hacia las mochilas y las cogeré.
Y si todo sale bien, doy media vuelta y a la cueva.
Estamos llegando, todavía quedan un par de horas hasta el atardecer, así que exploramos la zona.
La cornucopia está en el medio de la explanada, preparada para que si salimos cualquiera que esté cerca nos vea y no haya lugar donde esconderse. Alrededor de la explanada es como un círculo de árboles y arbustos.
Pasa el tiempo y llega el atardecer.
Suenan los altavoces.
“Queridos tributos de los 74º Juegos del Hambre, el banquete está preparado, podéis serviros, y que la suerte esté siempre de vuestra parte”
Lo primero que veo es a la chica del 5, la de la cara astuta, salir corriendo de la cornucopia, coger su mochila, e irse corriendo hacia el lado opuesto a nosotros.
Esa chica es demasiado lista, llevamos aquí dos horas y no la hemos visto entrar en la cornucopia. Igual hasta ha entrado mientras era de noche y ha pasado ahí toda la mañana.
Ojalá se me hubiera ocurrido eso a mí.
No sé si salir ahora o no, tal vez los profesionales estén esperado a que salga para darme caza, no sé.
Tengo que arriesgarme, o bien eso, o esperar a que ya hayan cogido todos sus mochilas y se hayan alejado. Pero para esto debe faltar mucho, o salir, o dejar a Ali morir en la cueva.
Y no tengo que huir. No hago más que esconderme de los profesionales, y si quedo finalista, al final tendré que enfrentarme a ellos y matarles de todos modos. Mejor matarles de un flechazo que a pedrazos y puñetazos. Cuando salga uno, saldré yo también. Álex me cubre las espaldas. Si vienen a por mí, él tira un alanza o un flechazo (más o menos maneja el arco)
Pasa una hora, y veo salir a Clove, la chica del 2. Es el momento.
Cojo la daga y unos cuchillos y salgo corriendo hacia las mochilas.
Voy a medio camino, cuando veo que a unos 20 metros, oigo gritar a Clove ¡Cato! Pero demasiado tarde , el chico del 4 se acaba de llevar por delante a Clove, pero de qué manera. Con una piedra que tenía en la mano, la ha partido la cabeza, literalmente. Pobre. Coge su mochila y parece que se da cuenta de mi presencia porque me dirige una mirada asesina que nunca nadie me había dirigido. Es el doble que yo, o salgo corriendo y me escondo, o le esquivo, o me enfrento a él para acabar muerto, porque si te enfrentas contra él no hay otra opción.
Decido dar media vuelta, pero Cato viene hacia mí. Estoy dispuesto a hacerle frente cuando veo que pasa completamente de largo, pasa a mi lado, pero ni me mira. Le veo arrodillarse al lado del cuerpo de Clove, su compañera de distrito, su aliada. Y creo que en este momento, acabo de dejar de odiar a los profesionales. Me doy cuenta de que, aunque sean la mano derecha del Capitolio, ellos también viven esclavizados; que aunque sean unas máquinas de matar, también tienen sentimientos, y a ellos también les afecta toda esta mierda. Les da pena perder a sus compañeros, y luego luchan por su distrito. Y en este momento, por lo que voy a hacer, se me podría proclamar la mejor persona del mundo, porque, cuando el montruo del 4 se dirige a matar a Cato le grito.
-¡Eh, subnormal, ¿te has acobardado o qué?
Y me mira con una mirada de asesino con la que nunca, nadie ha mirado a nadie. Y siento que soy una hormiguita, como una hormiguita a la que un gigante está apunto de pisotear.

*  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *


-Tranquila, Katniss, puede contra él.
-Pero, Prim, ¿tú le has visto?
-Sí, Katniss, Gale es muy fuerte, podrá con él, no llores. Nunca te había visto llorar, excepto cuando murió papá, pero yo era muy pequeña y apenas me acuerdo.

Venga, Gale, tú eres fuerte, eres increíble, tú puedes, ganarás, y volverás al distrito, volveré a verte, volveré a estar contigo. Venga, Gale, tú puedes.

                                 





domingo, 3 de marzo de 2013

Capítulo 21


Cuando abro los ojos, me quedo un poco desconcertado. Sigue siendo de noche, y sigue lloviendo.
Tal vez no haya dormido más de 20 minutos, pero se me ha hecho eterno.
-¿Cuánto he dormido? –Le pregunto a Alex
-Unas dos horas- Responde.
Tal vez Los Vigilantes hayan decidido dar un tiempo mientras nos organizamos, mientras curamos a Ali, qué raro.
De repente Bob se levanta y dice:
-Tengo que volver a mi refugio.
-¡¿Qué?! –Dice Alex.
-Sí, allí tengo mis armas, tengo comida, agua, y hasta una pomada para las heridas, pues gracias a esa pomada sigo vivo, con eso podríamos curar a Ali.
-Pero ¿por qué ahora? Está lloviendo a cántaros, te va a costar mucho.
-¿Y si se muere Ali? Tenemos que intentar salvarla- Dice.
-Ten cuidado –Le digo
-Lo tendré.
Ali sigue inconsciente, le han cambiado las vendas, pero las heridas siguen sangrando.
Tengo hambre. Llevo bastante tiempo sin comer.
-Alex, ¿Quieres comer?
-Claro que quiero, estoy muerto de hambre- Me responde.
Sacamos una rata y nos la comemos. Está asquerosa.
Sin darnos cuenta, Ali ha abierto los ojos.
-¿Qué hago aquí?
Le explicamos todo lo que ha pasado. Y lo primero que pregunta es que si Bob está bien. La decimos que sí, aunque no tenemos ni idea de cómo estará.
La decimos que se duerma, y se duerme sin rechistar.
Suena un cañonazo. Mierda. Es Bob, seguro que es Bob, o no.
No creo, sabe arreglárselas, es fuerte y no creo que la lluvia e afecte mucho…
Aunque frente a 4 profesionales, quién sabe.
Pasan horas, y horas.
Ali despierta.
Suena el himno, y salgo yo a mirar.
Lo primero que sale es la cara de Marvel, al que ha matado Bob.
Después, sale la cara de la chica del 8. Vale, ya está, Bob no ha muerto. O al menos eso pensaba hasta que ha salido una tercera cara en el cielo. Bob.
Mierda, joder, ¿por qué él? Me da pena. Ahora tengo que decírselo a Ali. Dios, pobrecilla. Entro a la cueva.
-¿y bien? –Dice Alex
-Marvel, la del 8 y…me quedo en blanco.
-Y…? –Dice Ali.
La miro, y creo que mi mirada lo dice todo, pues rompe a llorar. Y me da tanta pena verla así…Todo culpa, como siempre, del puto Capitolio.
Ali lleva un buen rato llorando, Alex simplemente tiene cara de pensativo y triste a la vez. Yo también estoy triste. Y poco a poco van cayendo dormidos.
Ali se duerme, después Alex, y por último yo.
Cuando me despierto, hace un sol resplandeciente. No es buena señal.
Y, como me imaginaba, suenan los altavoces.
-Buenos días, queridos tributos de los 74º Juegos Del Hambre, estáis invitados a un banquete al atardecer. Debido que a cada uno os falta algo esencial para sobrevivir, habrá una mochila para cada uno. Felices juegos del hambre, y que la suerte esté siempre de vuestra parte
Fin del anuncio.



Capítulo 20


El corazón se me para.
Tal vez no haya sido Ali la que ha muerto. Voy a intentar pensar eso.
Intento mantenerme despierto, pero estoy demasiado cansado.
Fuera no para de llover y Alex está durmiendo como un tronco.
Tengo que mantenerme despierto, por ella.
Cuando creo que ya no puedo más, que voy a dormirme, creo oir unos gritos fuera.
-¡Ali, Ali!
Dice Ali, pero no es la voy de Ali. Me asomo y me encuentro con Bob, el chico de 11, el compañero de distrito de Ali, con Ali en brazos, inconsciente y ensangrentada.
Le dejo entrar y la tumba en el suelo.
-Antes de nada, prométeme que no me vas a matar- Dice Bob.
-No pretendía hacerlo- Respondo yo.
Tiene un montón de heridas. No sé si saldrá de esto.
Alex ya está despierto.
Saco el botiquín, y le limpiamos las heridas un poco con algo de agua y se las vendamos.
-¿Qué ha pasado? –Le pregunto.
-Marvel, el del 1. La ha pegado una buena paliza, hasta que le he matado.
Vale, ya sé a quién pertenecía el cañonazo.
-¿Y qué hacías ahí fuera?
-Estaba cazando, y empezó a llover, y mientras buscaba refugio me los he encontrado.
-Ah –Respondo. No tengo nada más que decir.
No sé por qué razón pero confío en él. Tal vez sea porque es del 11, el otro distrito más pobre. Tiene mi edad, supongo que estamos  en igualdad de condiciones. Y si no fuera bueno, hubiera dejado a Ali ahí tirada en lugar de traerla hasta aquí.
Otra de las cosas que no me explico.
-¿Cómo sabías que estábamos aquí? –Le pregunto
-Alguna vez he venido a rellenar aquí las botellas y a lavarme, sabía que había ahí alguien refugiado, y al ver ropa pequeña secándose fuera, supuse que era de una niña, y la más pequeña que hay en el estadio es Ali.
-Ah, vale.
Ali duerme, el pulso la late lentamente y respira con dificultad, pero almenos ya tiene las heridas algo tapadas, aunque no la paran de sangrar.
Bob me dice que me duerma, que él la cuida.
Y sintiéndolo mucho ya no puedo aguantar más, pero antes de dormirme, me paro a pensar: debería ser ya de día.
-¿No debería ser ya de día? –Pregunto.
-Ya sabes que los vigilantes manejan el tiempo como les da la gana- Me responden.
Me da la sensación de que ha pasado ya un día entero desde que salimos a cazar. Y tal vez lo haya pasado, quién sabe, aquí no se puede controlar el tiempo.
Me quedo dormido.

sábado, 2 de marzo de 2013

Capítulo 19


Cuando ya no oigo nada empiezo a reducir el ritmo, dejo de correr. Han sonado 4 cañonazos en lo que queda de día, y Alex y Ali no han aparecido todavía. Espero que los cañonazos no les correspondan a ellos. Aunque no sé qué es mejor, si morir o vivir, si mueres, has muerto, pero si vives te toca vivir el final de Los Juegos, lo más agresivo, lo más doloroso. Y si sobrevives a eso quedarás afectado de por vida. Y para vivir así, no sé si merece la pena.
Llego a nuestro refugio. No hay nadie. Empieza a anochecer y decido no salir a buscarles. Tal vez estén muertos. Y ahora es cuando los profesionales salen a la matanza. A sí que mejor quedarme escondido, y a ver si descanso algo.
Suena el himno. Y aparece la primera cara: la chica del 4. Pido por favor no ver reflejadas las caras de mis aliados en el cielo. Por favor. La segunda cara: la chica del 7. La tercera: el chico del 7, el que se había unido a los profesionales, pobrecillo, no es buena idea aliarse con ellos, si la cagas estás muerto. Ya no hay tributos del 7. Y la cuarta cara: el chico del 8. Menos mal.
Según mis cálculos quedamos 11 en la arena: Los 3 profesionales (del 1 y del 2) que están aliados. El chico del 3, unos 15-16 años, pero no tiene cara de peligroso. El que más miedo me da, el chico del 4, otro profesional, pero él prefiere ir por separado. Es el doble que yo, y podría ganar él contra los 4 profesionales. La chica del 8, 17 años. Álex. Ali y Bob, y yo.
Y así, sin darme cuenta, me quedo dormido.
Cuando abro los ojos me encuentro con Ali delante de mis narices observándome como si fuera interesante o algo. No puedo evitar sonreir. Giro la cabeza y me encuentro con Álex.
Me levanto y digo ¿Dónde estabais? Me teníais preocupado.
Me han contado todo lo que hicieron: parece ser que a media noche oyeron ruidos fuera y se despertaron. Me avisaron pero estaba demasiado dormido y no me desperté. Se fueron armados. Resultó ser una liebre. Descubrieron que por la noche había miles de animales despiertos, y pasaron la noche cazando. Pero sin darse cuenta llegaron al campamento de los profesionales, del que no hacían más que salir y entrar de sus tiendas, por lo que tuvieron que estar escondidos. El resto del día se lo pasaron viniendo hacia aquí, donde me encontraron otra vez durmiendo. Decidimos salir a cazar, o a hacer algo, por el simple hecho de que si nos quedamos quietos aquí Los Vigilantes mandarán algo, y no es nada bueno.
Así que Ali se va por un sitio, Álex por otro, y yo por otro. Y volvemos a quedar en hacer silbidos cuando empiece a anochecer y reencontrarnos en la cueva. Pasamos lo que quedaba de día por ahí, porque al parecer me he levantado bastante tarde. Y empieza a anochecer y hago los silbidos. Llego a la cueva con un par de ratas silvestres, y allí ya estaba Álex con unas cuantas hierbas que se supone que son de comer.
Mientras esperamos a Ali empieza a caer una tormenta terrible, con rayos y de todo. Y nos empezamos a preocupar, pues ella todavía no había vuelto. Le digo a Álex que duerma, que ya me quedo yo despierto esperándola. Pasan horas, y horas, y no ha vuelto. Supongo que se habrá refugiado en algún sitio, al menos eso espero.
Sigue lloviendo, y no ha vuelto todavía.
Suena un cañonazo.

domingo, 24 de febrero de 2013

Capítulo 18


Cuando abro los ojos veo que estoy solo. No está Ali, no está Álex. Y sobre mi suena un cañonazo. Empiezo a temblar. No creo que les haya pasado nada pero, ¿dónde están?
Decido salir fuera. Está el río. No hay nadie, ni ellos, ni nadie, y ahí es cuando empiezo a asustarme. Oigo gritos, vuelven los profesionales. Aunque ya he pasado por esto ahora estoy más asustado, la última vez estaba con Álex, ahora estoy solo, yo, contra 5 profesionales. Me meto corriendo en la cueva preparado para disparar, o para huir si no queda otra opción. Están rellenando botellas, limpiando su ropa…mientras hablan de sus estrategias, de su campamento, de sus armas y de su comida. Bien, estaré atento.
Por lo que oigo se les ha unido el chico del 7, 13 años. Lo que no entiendo es por qué. Cuando encuentran a alguien que no le sirve para nada le matan haciéndolo sufrir, ¿para qué les puede servir el niño del 7?
Siguen hablando. El cañonazo que he oído al levantarme es de una chica, Lo están diciendo, la ha matado Glimmer.
Hablan de su campamento. Tienen todas las cosas en una montaña con minas alrededor. Vale, genial. Se algo de minas y Álex me contó que también, porque en su distrito a veces trabajan con explosivos.
De repente, oigo algo en un árbol, pero los profesionales no parecen haberse dado cuenta, y, cuando menos me lo espero, una flecha va a parar a la cabeza de la chica del 4. Y ahí es cuando suena otro cañonazo. Los profesionales se han quedado boquiabiertos, como yo, pero no tardan en ponerse en pie y echar a correr hacia esos árboles. Espero que no haya sido Ali ni Álex, porque si los profesionales les encuentran no creo que puedan contra ellos. Cuando se han ido y ya no les oigo, empiezo a sacar provisiones. Andamos algo mal de comida, me rugen las tripas y no hay ni un maldito animal que caiga en las trampas que hemos puesto. Decido salir a buscarles, pues estoy preocupado. Ando, ando alrededor de una hora, y en mi camino he encontrado una rata salvaje que nos servirá para comer. Ando otra hora por lo menos, ni rastro de ellos. Oigo otro cañonazo y es cuando empiezo a correr, a buscarles histérico, y oigo un grito. Otro cañonazo. Oigo ruidos a mi alrededor, serán animales, o algún otro tributo. Y es cuando una lanza pasa rozándome por delante. Ni me paro a mirar que pasa, hecho a correr hacia la cueva. Alguien me sigue, lo intuyo, pero no me paro ni miro atrás, corro, corro y sigo corriendo. Mil imágenes se me pasan por la cabeza, Ali, Álex, mi madre, mis hermanos, Katniss. Pero no me paro.

sábado, 23 de febrero de 2013

Capítulo 17


Voy a descansar. Ali sigue inconsciente y Alex está cazando algo. Hace días que no consigo apenas dormir. Me pregunto cómo irán las cosas en el distrito. Qué tal estará mi madre mientras ve los juegos, y mis hermanos…¿Quién ayudará a mi madre a ocuparse de ellos? Katniss. Me pregunto cómo estará Katniss, si está bien, si está tranquila, si confía en mí. Yo creo que sí, detrás de esa fría mirada tiene un enorme corazón, seguro que me echa de menos.
Y pensar que estaría con ella en estos momentos, cazando para nuestras familias. Pero no, en cambio estoy en esta mierda de lugar, luchando por mantenerme vivo, luchando contra gente de mi edad y niños. No puedo matar a un niño. Pienso en mis hermanos, en que si esos niños fueran mis hermanos, no podría matarlos. Imposible. Eso solo lo hacen los estúpidos profesionales, y yo no soy como ellos. Aunque tampoco les echo la culpa. Se han criado en los distritos ricos, a los que el Capitolio adora. Han nacido para amar al Capitolio, entrenarse, y presentarse voluntarios para Los Juegos del Hambre. Si ganas se hacen ricos y saldrían a todas horas en la tele. Si mueren, no les importa tanto, porque según ellos han muerto honrando a su distrito. Joder, y pensar que sería tan fácil que nos reveláramos todos contra el Capitolio… Pero eso no pasará, lo haría algún distrito, otros, simplemente, se mantendrían apartados mientras la gente muere. Por miedo. Por miedo a que pase lo mismo que pasó con el distrito 13. Verían las noticias aguantando como cae un distrito, y otro, y otro… viendo como el puto Capitolio nos aniquila… Y todo es culpa de Snow. Si ese monstuo no fuera el gobernador, ahora mismo todo estaría bien. No estaría en este espantoso sitio luchando por sobrevivir, estaría en mi distrito con Katniss, con mi madre, con mis hermanos… todo estaría bien. Pero por ahora solo me queda aguantar, ganar Los Juegos si quiero volver a mi distrito. Confío en que algún día, no muy lejano, haya una rebelión, y Snow sea torturado, que le quemen, que sufra, que muera. Espero que ese día llegue pronto. Por el bien de todos.

domingo, 6 de enero de 2013

Capítulo 16


Ella sigue dormida, Alex revisa su mochila y cuando llueva menos yo saldré a cazar. En su mochila tiene muchísimas cosas: un saco de dormir, una botella de agua, unas gafas de ver en la oscuridad, medicinas, comida, una daga, una cuerda… en su cazadora tiene un cinturón lleno de cuchillos, mas el arco que yo quería desde el principio, y 11 flechas. Esta niña me fascina, tan pequeña y…ha conseguido más cosas que Alex y yo juntos. Supongo que lo habrá robado, porque no la vi meterse en la cornucopia. Dentro de la mochila hay también una libreta… ¿¡una libreta!? ¿De dónde la habrá sacado? Se la habrá enviado su mentor, claro, ella tenía un gran talento para el arte, la vi en los entrenamientos, pero ¿para qué se la habrá enviado? ¿Para entretenerse? No entiendo nada. También tiene… ¿¡un estuche con colores!? ¿¡cinta aislante!? y unos bolis. Sigo sin entender nada. Así que nos ponemos a revisar su libreta y nos quedamos fascinados. Tiene dibujos de la cara de todos los tributos, y en la hoja de al lado de cada cara, una ficha con datos de los tributos, por ejemplo: rápido, ágil, lanzas y espadas… cada uno tiene puesto el distrito del que es, si está muerto o no, la nota que tuvo en el entrenamiento, y si la puede servir de aliado, también ha apuntado las alianzas. También, ha juntado varias hojas y ha dibujado un increíble mapa de la arena. Ahora lo entiendo todo. Aunque la verdad, no se si está permitido esto. Es la persona, sin duda, más inteligente de toda la arena: ha estado robando a los profesionales, ha estado espiando a todos los tributos (incluidos nosotros) y se ha recorrido toda la arena haciendo un mapa, donde tiene apuntados los campamentos de los profesionales, los refugios de cada tributo…
Tengo claro que, cuando ella despierte, nos será de gran ayuda, y todos estos datos… tendremos bastantes más probabilidades de ganar… al menos uno de los tres. Porque se me ha ocurrido un plan.

Capítulo 15


                     

Nos levantamos muy temprano, a una hora en la que los profesionales estarán dormidos y no se habrá despertado todavía ningún tributo. Cogemos las armas y salimos a cazar. Después de un rato sin encontrar nada decidimos separarnos. Él recolecta y yo cazo. Decidimos hacer unos silbidos para rencontrarnos.
Mientras cazo, encuentro un conejo al que mato de un flechazo. También encuentro tres pavos silvestres y cuatro ardillas. Está muy bien, muy muy bien. De repente oigo los silbidos de Álex muy seguidos, eso era para cuando había una urgencia, voy corriendo en dirección a donde los oigo.
Cuando llego me encuentro a Álex, con Ali ensangrentada y llena de heridas, y un cadáver en el suelo. Es la chica del 9, corpulenta y peligrosa. La debe haber dado una buena paliza. Menos mal que ha llegado Álex y la ha matado, porque si no ahora Ali estaría muerta.
Decidimos cogerla y llevarla a nuestra cueva. Cuando llegamos cojo el botiquín y empiezo a sacar cosas.
Fuera está lloviendo. Supongo que los vigilantes habrán decidido darnos un tiempo mientras curamos a Ali.
La limpio las heridas con un pañuelo y la vendo la frente y le coso la herida de un brazo. Pobrecilla, con 11 años y por lo que está pasando.
Cuando mas o menos he acabado, la decimos que duerma, lo necesita. Nosotros vigilamos mientras. Cogemos su mochila y empezamos a mirar qué armas tiene y si tiene comida.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Capítulo 14


               
Nos quedamos completamente en silencio y estamos todo lo quietos que podemos.
Delante nuestra están cinco profesionales aliados : los dos del 1, Cato y Clove y la chica del 4.
Como nos pillen estaríamos muertos un abrir y cerrar de ojos.
Se dan un baño, rellenan cantimploras y se van dispuestos a matar a más gente.  Como yo suponía, su refugio es el claro que yo vi.
Alex y yo salimos unos minutos después de que se hayan ido y suspiramos.
Estamos otro rato descansando   y nos entra hambre. Cortamos un cacho del conejo de ayer y lo compartimos. Tenemos que salir a cazar ya.
Reviso las paredes del lago en busca de alguna cueva y como suponía, hay una pequeña cueva que nos puede valer de refugio.      
Tapamos la entrada para que parezca que no hay nada, y eso nos lleva bastante tiempo.
Salimos a cazar.
Cuando empieza a anochecer suena el himno y Alex mira nervioso al cielo, sé que es por ella, por Ali.
-Tranquilo, no ha muerto- Le digo.
-¿Qué?- responde él impresionado.
-Ali no ha muerto, sé que estás colado por ella, se la da muy bien esconderse y para matarla, antes tendrían que encontrarla.
Aparece la cara de la chica del 3 en el cielo. Me da pena. Tendría unos 14 o 15 años.
 A saber como la habrán matado los profesionales. La habrán echo sufrir, seguramente. Volvemos al refugio. No hemos encontrado nada, mas que una rata silvestre colgada de una de las trampas. Nos metemos en nuestros sacos, mañana nos levantaremos pronto para salir a cazar, porque a este paso nos moriremos de hambre, literalmente.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Capítulo 13


Me despierta la luz del día y me levanto. Corto un cacho del conejo de ayer y me lo como crudo, porque si enciendo un fuego vendrán los profesionales y me matarán.
Después guardo todo en mi mochila y bebo agua. Me queda como mucho un trago. Necesito agua potable y esa no creo que lo sea. Salgo a explorar. Encuentro unos palos y me siento a fabricarme un arco. Después de una hora ya tengo un arco que puede servir para algo. Me fabrico también unas flechas y me las guardo en el cinturón. Ando y, tras unas horas andando, me paro a descansar, y de repente, oigo unos ruidos detrás de mí. Cargo una flecha en el arco y me levanto. Entre unos matorrales, aparece Alex, el niño del distrito 10, con una lanza preparada para atravesarme. Y estamos así, apuntándonos mutuamente sin decir ni una palabra.
-Creo que esto no nos va a servir de nada- Me suelta Alex.
-Lo mismo digo.
-Somos los dos listos, si unimos nuestras armas y provisiones, tendremos más posibilidades, ¿no crees?
-Entonces, ¿aliados?
-Aliados- Me responde él
Bajamos las armas a la vez. Aliarme con este niño la verdad es que no me causa malas sensaciones. Para la edad que tiene, es verdad que es muy listo y además sacó una nota muy alta en los entrenamientos. Era uno de mis fichajes para aliado.
Nos sentamos en unas rocas y juntamos todas las armas y provisiones. Él tiene: 6 lanzas, unas gotas para potabilizar el agua (mi salvación), otro saco de dormir, unas gafas para ver en la oscuridad y ya está. Me da 3 lanzas y vamos otra vez de camino a mi lago para rellenar las cantimploras.
Es un niño muy simpático la verdad. Me cuenta que en su distrito trabajan desde los 10 años y por eso sabe hacer tantas cosas.        
Cuando llegamos al lago, muertos de sed, cansancio y calor. Sacamos las cantimploras y las llenamos. Las echamos unas gotas del líquido para potabilizar y dejamos que haga efecto un cuarto de hora. Mientras, nos quitamos la ropa y nos tiramos al lago para refrescarnos. Luego nos tiramos en las rocas para secarnos y es ahí cuando se oye un cañonazo y aparece un aerodeslizador muy cerca nuestra recogiendo un cuerpo.
Alex y yo pensamos igual, recogemos todo, y nos escondemos entre unos matorrales.
Se oyen unas voces que se acercan cada vez más y carcajadas que dicen: ¿habéis visto su cara? ¡dios que divertido, me pido el siguiente!
Se acercan los profesionales. 
                   

Capítulo 12


Salgo lanzado a por la mochila, la cojo y salgo corriendo en dirección al bosque. Veo gente que hace lo mismo : Alex, Ali, la chica del 5 y un chico que creo que es el del distrito 9.
Corro hasta alejarme lo suficiente de la cornucopia y cuando ya estoy lejos, me siento en una roca y miro qué tiene la mochila dentro.
Tiene un botiquín con muchas cosas, una cantimplora llena hasta la mitad, una bolsa con uvas (aunque no muchas), una cuerda de escalada, una linterna y un saco de dormir. No está mal, nada mal.
De repente empiezo a oir los cañonazos. Eso significa que el baño de sangre ha finalizado y la gente ya se estará distribuyendo por el estadio. Oigo un total de 6 cañonazos, que no es mucho para lo que se está acostumbrado. No sé qué hacer, así que decido explorar para buscar un refugio o algo así.
Empieza a hacer calor, así que me quito la chaqueta y me quedo con una camiseta negra de manga corta.
Sólo encuentro bosque, y más bosque. Un rato después encuentro un pequeñísimo arroyo que supongo que vendrá de algún lago más grande así que decido seguirlo.
Tras horas siguiendo el pequeño arroyo, a lo lejos veo un claro.
Me alejo porque seguramente si hay un claro, lo cogerán los  profesionales. Y no quiero estar aquí para cuando lleguen.
Sigo siguiendo el arroyo, y tras horas y horas encuentro un lago no muy grande. Pero es un lago. No sé si el agua será potable, así que de momento no relleno la cantimplora.
Después de un rato descansando y refrescándome, empieza a anochecer y tengo muchísima hambre. Cojo dos o tres uvas y me las como. También bebo un poco de agua, pero no mucha.
Después pongo una trampa con la cuerda para ver si cae algún animal, porque ya que no tengo armas tendré que cazar de alguna forma. Cojo la linterna y salgo a ver si encuentro palos o cualquier otra cosa para poderme fabricar un arco.
De repente, suena el himno y se ilumina el cielo. Van a salir las caras de la gente que ha muerto.
El chico del 5, los dos del 6, el chico del 9, la chica del 10 y Margaret.
No puedo evitar sentir pena por ella, aunque no me haya caído nunca especialmente bien, no la deseaba la muerte, ni mucho menos. Seguro que se habrá metido en el baño de sangre, a pesar de que la dijeron que no lo hiciera. Estoy muy cansado, pero antes de ponerme a dormir reviso la trampa y veo que ha caído un conejo. Me lo comeré mañana.
Cojo el saco de dormir, me meto entre unos matorrales y me duermo.        

Capítulo 11


Me despierto pronto. No puedo dejar de pensar que en menos de tres días seguramente habré muerto. Pasado mañana empiezan Los Juegos. Hoy por la mañana no sé qué haremos y después estaremos toda la noche en el aerodeslizador que nos llevará al estadio.
Me levanto y no hay nadie todavía. Decido esperarles. Effie no tarda en llegar y los dos nos preparamos el desayuno. Hablamos y un rato después llegan Hymitch y Margaret hablando y se sientan en la mesa. Pasamos un agradable desayuno y Haymitch nos da algunos consejos como: no encender fuego, no meterse en la cornucopia al empezar, cuidado con los profesionales, saber bien con quién te alías y cosas así.
Transcurre la mañana, comemos, y nos subimos al aerodeslizador en el que pasaremos todo el tiempo hasta que empiecen Los Juegos. Cenamos y nos vamos a dormir, mañana a las 9 tendremos que estar en la sala de lanzamiento para las despedidas, los últimos consejos y, a las 10, estaremos en la arena.
Me levanto. Estoy nervioso, muy nervioso. Desayuno con Haymitch y Lizzy porque Effie está con Margaret.
Son las 9. Como lo suficiente para no tener hambre ni llenarme demasiado. Haymitch me da su último consejo: “sigue vivo” Caliento un poco, estoy demasiado nervioso como para estar quieto. Viene Effie y se despide de mi con lágrimas en los ojos. Después Haymitch se despide de mí y se va a hacer lo mismo con Margaret. Son las 10 menos cinco. Me despido de Lizzy y entro en el tubo que me sube a la arena. No hace frío, ni tampoco calor, menos mal. Enfrente tengo la cornucopia. A mi izquierda un bosque, detrás un lago y a la izquierda un campo de trigo. Iré al bosque, es lo mío.
Se olle una voz por todas partes que dice: “Felices juegos del hambre y que la suerte esté siempre de vuestra parte”
Y a continuación la cuenta atrás: 50, 49, 48, 47…
Tengo una mochila enfrente, como no está muy lejos, iré a por ella.
La cuenta atrás sigue: 15, 14, 13, 12…… 3, 2, 1 y se escucha el gong que indica que empieza el juego.

Capítulo 10


La luz entra por la ventana y abro los ojos lentamente. Me levanto y me voy a desayunar. Allí están todos hablando de cómo van a ir las entrevistas y toda esa historia.
Después de desayunar nos vamos cada uno con nuestro estilista y nuestro equipo de preparación.
Me maquillan, me peinan, y me dicen que tengo que ser simpático, gracioso y que le tengo que caer bien a la gente, pero que eso se me da bien.
Me enseñan el traje que voy a llevar. Tiene unas llamas dibujadas en las mangas, no me gusta mucho, pero supongo que al público si. Después me ponen los zapatos, que me quedan pequeños y se van a buscar una talla más. Me tumbo en la cama y me relajo, aunque no dura mucho porque vuelven otra vez con los zapatos, que me quedan bien, pero son incomodísimos. No puedo ni andar bien con ellos. Me dicen que ande. Ando y me enseñan a andar mejor. Dicen que estoy perfecto y guapísimo y que ahora me toca la sesión con Effie y Haymitch para practicar las respuestas y todo eso.
Llega la hora de las entrevistas. El orden va igual que en las sesiones privadas, asique vuelvo a ser el último.
Nos reunimos todos los tributos, estamos todos resplandecientes. No puedo evitar fijarme en Ali y en Alex, después de la nota que sacaron ayer, estoy alucinado con ellos.
Sale la chica del 1 y después el chico, se nota que son profesionales.
Después Clove y Cato y así sucesivamente.
Le toca a Margaret, y después a mi. Me levanto. Me siento.
Caesar Flickerman, el hombre que nos entrevista, me pregunta que qué sentí cuando me eligieron, que qué pienso del Capitolio… trato de ser simpático y gracioso y creo que funciona. El público se ríe mucho con cada cosa que digo y gritan mi nombre y cosas como ¡guapo!
De repente suena el sonido que indica que se acaba la entrevista. Me levanto y me voy. Después subimos a nuestro piso y comenzamos a cenar, pasado mañana empiezan Los Juegos y tengo que comer lo que pueda. Probablemente allí muera de hambre o de deshidratación.
Haymitch y Effie nos dicen que muy bien y nos vamos a la cama.
                   
           

Capítulo 9


Me despiertan unos toques en la puerta, de Effie, dice que me levante ya que tenemos que volver a los entrenamientos.
Esta vez practico un poco con las armas (sin enseñar mis habilidades) y aprendo a hacer fuego.
Y así transcurren los días de entrenamiento hasta que toca el día de las sesiones privadas con los vigilantes.
Primero la chica y después el chico empezando por el distrito 1.
Eso significa que soy el último. Le toca Margaret y la deseo suerte, no quiero ser cruel, pero la va a necesitar.
Pasa un tiempo y me llaman.
Entro. Los vigilantes están a lo suyo. Me pongo en medio y digo: Gale Harthowne, distrito 12.
Cojo un arco y tiro un par de flechas, con una doy justo al lado del corazón y con la otra en la cabeza. No está mal.
Cojo unas lanzas y las tiro, justo en el corazón.
Después hago nudos y trampas y se las enseño, aunque no me presten mucha atención por lo menos habrá alguno mirando.
Enseño todas mis habilidades y me dicen que puedo irme. Creo que me ha ido bien. Subo a mi piso y nos sentamos a cenar.
Hablamos toda la cena, a Margaret también la ha ido bien, todo lo bien que la puede ir.
Después de cenar nos sentamos en el sofá para ver las puntuaciones.
Cato y Clove se ganan su 10, como suponía. El chico del 4, el que parece un monstruo, se gana un 11, esto está ganado, seguro que se ha puesto a hacer lucha libre con muñecos y los ha dejado si cabeza, su cuerpo es el doble que el mio y no exagero. La chica astuta del 5 se gana un 7, que no está mal.
Alex el niño del 10 se gana un 9, es una nota altísima para un niño tan pequeño, me pregunto qué sabrá hacer. Espero ansioso la nota de Ali, la niña del 11 que viene ahora, otro 9. Estoy alucinado con estos dos niños; y Bob saca un 10.
Después va Margaret, que saca un 6. La miro y no tiene cara de alegría, claro, e intento animarla. Después sale mi cara en la pantalla y sale un 10 debajo. Una sonrisa se refleja en mi cara.
Todos me felicitan y me voy a la terraza a hablar con Margaret. Dice que va a morir, que gracias por todo y que tenga mucha suerte, y que ya que no puede ganar ella que gane yo.  Y se pone a llorar, y que le diga a su familia que la quiere. La digo que eso no va a poder ser, ya que yo tampoco voy a ganar. Tras una larga charla nos vamos a la cama.
Mañana son las entrevistas y tengo que estar descansado.